Película

Hoy salí al balcón de tu frente a mirar el amplio norte
e intentar así respirar algún aire desértico
que esconda las nubes, nuestros espejos.
Alguien allá teje ahora espolines
con nuestras miradas.

Te quedas
porque mierda, canto por una generación cansada
porque en verdad debiese salir a vejar alguna plaza
a recordar año nuevo en septiembre
a pagar el pan que nadie quiere ir a buscar.

Se oyen audios viejos
porque el devenir que no es río
(es más bien una casa pareada de Hualpén)
no deja de regalar, en hombre herido,
en palabra, palafitos de realidad ignominiosa.

Nos hacemos los sordos con fuegos de artificio y champán.
A pesar de ello, debiésemos desdoblarnos una última vez
hazlo conmigo, hombre roto hombre nostálgico
rómpeme, hombre ciego infinitamente ciego
ámame, hombre quebrado en la mujer mar.

¿Algún presente acá
conoce el nombre de la batalla perdida
desde la cual la humanidad dejó de oír sus silencios?

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Estadio Nacional

Últimamente los días
son una autopista:
cruzada por destellos de edificios,
tejida al ritmo de tus silencios.
Últimamente los días
son valles enormes, enormes,
donde recojo naranjas, castañas, duraznos.

Últimamente
he preferido obviar las palabras y quedarme en los intersticios blancos,
márgenes del año, cual página,
bordes de un libro que puedo estirar
hasta que sus palabras sean invisibles
y tenga espacio para dibujar
dedos que no conozco.

Mi viaje aquí es semejante al de los demás,
pero la ceguera ha alcanzado mis manos
y ya no puedo distinguir
otoños de ventanas
gatos de hojas
ni melodías que susurran labios
en los andenes vacíos del metro
que ya terminan de construir.

Vendimia

La mirada se me quedó en las manos
porque solo con ellas puedo cortar
tu figura entre la niebla.

¿A quién preguntas?

Si desde tu nacimiento que la brisa corre
por los portales que no cruzarás
y por las mesas que no probarán tu pan.

¿Por qué preguntas?

Si será en los espacios
que tus letras vayan abriendo
donde habremos de descansar.

Nunca olvides
que el vino que mejor sabrá templarnos
será, ciertamente,
el que más derramamos.

Bosques

 

Saldrán en unas horas, de sus suburbios
llenos de brío, danzantes, correspondiendo cada cual
a su única estrella.

Saldrán en unas horas, de los bosques
que ya no son suyos.
Irán moviéndose en solfa entre nuestros pies
cortando las sombras
plantando los guijarros que pateamos a las bermas.

Y serán locos para todo el mundo,
pues nadie escuchará la música que bailarán.

Cuando caiga la noche
me uniré a su marcha de regreso
y encontraré, al fin, en el camino.